miércoles, 9 de septiembre de 2009

MI NIÑA... TODA UNA MUJER DE BANDERA



Ha sido una pesadilla, pero dando gracias a Dios, ya ha pasado; hemos pasado una primavera y comienzo de verano de horror, aunque cierto es que cosas peores hay, pero esta vez atacó dónde más duele. En abril diagnosticaron a mi hija una enfermedad rarísima, yo no tenía ni idea ni siquiera de su nombre, no lo había oído nunca, y una vez más, el porcentaje vino a visitar mi casa. Suele tocar a 3 ó 4 personas de cada 100.000 y mi hija era una de ellas; ya la he dicho, jugaremos a la lotería, por si también nos toca.
Es una enfermedad como digo, rara, lo difícil es dar con ella, tuvimos suerte, el Dr. Ruibal, jefe de pediatría del hospital de Parla, la diagnosticó, Adisson. A este hombre le debo tanto, tanto, tanto. Dicen que hay que sacar lo positivo de lo malo, y conocer a este hombre, ha sido lo positivo de esta pesadilla.
Al saber lo que era, nos quedamos más tranquilos, había solución, un tratamiento y listo, puede surgir con el paso del tiempo, alguna complicación tipo hormonal, y puede que no. Confiemos en que NO.

Y debido a esto, hemos cambiado, yo he cambiado y Ella ha cambiado. ¿Su cambio? es como si a una planta mustia, la echan agua y no sé cómo explicarlo... se llena, revive, se hace inmensa, ese ha sido su cambio, está desconocida, ha "revivido", de siempre estar cansada, apática, de humor raro, a ... comerse el mundo a bocados y me gusta tanto, tanto verla.
Llego al punto, supongo que dada la rapidez de las circunstancias, de pensar, que lo demás es todo secundario, si estudia, si es ordenada, si contesta, si es puntual, si hace el suficiente ejercicio, por supuesto sin hacérselo notar a ella. Ella está bien y es lo que importa, todo lo que hasta ahora para mi era importante, el orden, el que todo casase, el llegar a final de mes, a quien toca el fin de semana, cómo repartir las vacaciones, los libros, las notas, la compra de la semana, el trabajo, las vacaciones, el conservar una casa, en definitiva, el querer ser responsable del mundo, va terminando, porque te das cuenta que, en un día, en un momento, todo cambia y tenemos que aprender a agarrar la vida con las dos manos, muy fuerte, decir a las personas que queremos, lo mucho que las queremos todos los días, a separar de nuestras vidas a las personas que nos hacen daño y rodearnos de buen rollo, a pasar de temas que nos amarguen, que la vida ya se encarga de ponernos sus puntos y aparte.

Tenemos que dar gracias cada día, por lo menos así se lo intento transmitir a mi marido y a mi hija, de todo lo bueno que tenemos, y de que con menos, seríamos también felices, si nosotros nos sentimos felices.

De todo se aprende, y no deseo estos meses pasados ni a mi peor enemigo, no quiero ni pararme a pensar en lo pasado, se quedará como un mal recuerdo del que salimos con una ilusión renovada, tratando de ser mejores personas, recoger el lado positivo de las circunstancias y siempre, siempre pensar "Carpe Diem" y "Dios proveerá".

Mi agradecimiento público desde aquí al Dr. Ruibal y a su equipo, que para mí han pasado a ser de las personas más importantes de mi vida, a los cuales, y no exagero, les debo el bienestar de mi hija.

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